3 abr. 2010

Este blog llega a su fin. Me terminé dando cuenta que es muy bonito y prolífico tener varios blogs temáticos dispersos en la web, pero al fin y al cabo, dadas las obligaciones de este mundo de hoy en día, el tiempo y la dedicación disponibles a la hora de crear algo nuevo para cada uno, no alcanza. Y así fueron quedando abandonados uno tras otro. Para que esto no vuelva a suceder, voy a juntar todo el material de mis blogs en uno solo, y seguir la posta de allí en adelante, formando un aquelarre multitemático. El material viejo, más lo nuevo que vendrá con el correr del tiempo, lo podrán encontrar en la siguiente dirección, blog único y definitivo de ahora en más.


Les dejo un saludo, y nos seguimos viendo por allí.

Juan Cruz Mateu.

8 mar. 2010

¿Día de la mujer? ¿Mujer? ¿Qué es eso? La mujer ya no existe.

4 mar. 2010

Una vez alcanzada la adultez mental, la persona no cambia; sólo va puliendo detalles. De allí en más, todo cambio drástico es una patología en curso.

26 feb. 2010

Para el camino personal, no hay mejor alumno y maestro que uno mismo. ¿Quieres aprender de los demás? Aprende. Pero así como aprenderás sus virtudes, también sus errores. Siendo tu propio maestro, te equivocarás tú mismo y aprenderás de ello. Teniendo un maestro o varios, repetirás sus equivocaciones. Todo valor positivo en los demás alienta nuestro crecimiento interno. Pero no hay valor más legítimo y honrado que el forjado a través de uno mismo.

22 feb. 2010

Aquellos que alguna vez han amado, volverán siempre a buscar el amor; porque saben. Aquellos que luego de amar se envuelven en sí mismos e instauran en sus vidas un culto al individualismo mediante artilugios precisos, calculados y evasivos, de tal manera que no quede un minúsculo rincón abierto para el amor en sus existencias, aquellos que hacen esto, no sólo renuncian a lo sublime, sino que no han amado nunca. Son las personas más pobres del mundo, porque no saben, no han sabido, y quizás no lo sabrán jamás (o posiblemente el dolor, el rencor, el despecho, dirijan sus vidas. Aún así, siguen siendo las personas más pobres del mundo).

20 feb. 2010

La mediocridad humana se adquiere. De forma inconsciente, por herencia, educación o entorno; es indiscutible. También están aquellos que la adquieren a conciencia, trocando sus voluntades por las exigencias del contexto en el que desarrollan sus vidas. La cuestión que implica a la mediocridad en nuestras vidas puede compararse con la eterna discusión acerca del talento humano: hay quienes afirman que se nace con él, otros dirán que se lo forma, aquellos agregarán que es un ida y vuelta entre los genes de su ascendencia, mas el énfasis en estimular ese talento innato con el paso del tiempo. En relación a la mediocridad, pasa exactamente lo mismo. Para quien nace y comienza a desplegar su vida en un entorno mediocre, habrá dos caminos posibles: el primero, será vivir indiferente en ese entorno, envuelto en la naturalidad de su esquema de vida -que no es otra cosa que el esquema de vida de quienes le rodean-, y así cumplir un rol de engranaje. El segundo camino es mucho más complicado y riesgoso, pero no menos enriquecedor; será cuestión de encontrar "alternativas" que nos lleven a cuestionar nuestro mundo, lo que pasa en él, lo que nos pasa a nosotros mismos, y de una forma u otra ir "abriendo los ojos" ante lo estipulado y los dictámenes de pensamiento y roles, ya sean familiares, sociales, de relación o laborales. Este "abrir los ojos" puede llegar de muchas maneras y por medio de distintas fuentes; lo que ya no cambiará nunca es que una vez abiertos los ojos, y habiendo incorporado las realidades a la nuestra, será imposible hacer caso omiso de ellas y obviarlas. Comienza así la eterna lucha, lucha por el ideal, por la utopía, lucha por la que correrán lágrimas de amargura y desazón. Porque quien abre los ojos y comienza el derrotero de capitanear su vida, su actuar y su pensar según sus propias decisiones, chocará innumerablemente contra los escollos de la mediocridad reinante, y muchas serán las piedras que lo harán trastabillar en la búsqueda de su ideal: indiferencia, cuestionamientos, incomprensión, desarraigo, acusaciones, prejuicios, falta de pertenencia; soledad. Quien quiera ser su propio dueño deberá sortear estas tempestades que la mediocridad lanzará sin piedad contra su pecho. El que haya abierto los ojos no tiene otra salida más que esta: luchar, y luchar. Constantemente. Y puede que la vida le vaya en ello. El valor que se impregne a la misma será el estoicismo ante todo y todos.

Podrá afirmarse entonces que el primer camino planteado es mucho más sano, menos pedregoso y más simple. Que la vida de esa manera es más llevadera. Y esto es verdad. Para los mediocres, la vida es simple. Pero como hemos dicho, una vez abiertos los ojos, imposible el cerrarlos.

Existe un tercer camino. El más despreciable de todos. Es el camino de aquellos quienes han abierto los ojos, quienes han descubierto la "alternativa", la verdad indisoluble en un punto de quiebre para sus vidas, y tarde o temprano, mientras luchan una y otra vez contra las piedras, se dejan vencer o huyen de la senda. Y no hablo aquí de perder batallas; quienes tomen el segundo camino perderán inumerables. Hablo aquí de perder la guerra contra la mediocridad. De volver al primer camino. De suicidarse en vida; para pertenecer, formar parte de "algo", ser "alguien", no quedarnos solos, para ser "simples" y sin cuestionamientos. Cobardes. Mediocres.

O quizás simplemente quien tome el tercer camino haya sido siempre una persona mediocre, y el abrir los ojos la ha desplazado de su escencia natural. De ser esto posible, entonces quizás sí se puede nacer mediocre, y mi primera afirmación es discutible.

19 feb. 2010

Todo aquél que repite con énfasis frases del tipo "Disfruta, la vida es corta", oculta dolor y despecho en lo más íntimo de su pasado, todavía latente. Estas "frases máscaras" son una huída de sí mismos hacia un placer efímero y embustero, que irremediablemente desembocará en el mismo dolor, asentado en lo patológico, y de manera aguda.

18 feb. 2010

¡Reverendos animales! Hurgando en mi casilla de correo, me he encontrado con un mail más de esos que se envían "porque pensé en tí (y me fue más simple apretar un botón que escribir unas líneas verdaderas)"; típico mensaje con frases que buscan enseñarme a ser mejor persona, aunque de seguir el consejo, lograrían todo lo contrario: convertirme en un imbécil. Dice algo así:

"Hay un punto en tu vida, en el que te das cuenta quién importa, quién nunca importó, quién no importa más, y quién siempre importará. De modo que no te preocupes por la gente de tu pasado, hay una razón por la que no estarán en tu futuro."

Es alarmante el grado de estupidez evasiva al que podemos llegar los seres humanos. Realmente. "Oh, qué gran verdad para tener en cuenta, cuánta sabiduría", pensará la persona acostumbrada a abrazarse de la primer porquería que le ponen bajo las narices, sin el más mínimo atisbo de cuestionamiento. Porque todo importa; todo hace a lo que soy, todo me completa hasta hoy, inclusive mis más amargos errores; y restarle importancia a ello, sentarme a dejar "ser" a todo esto, no es otra cosa que falta de compromiso. Así me lo dictan en estas frases ambiguas, así ordenan que me vuelva un Pilatos, que pase de todo y mire adelante, ya que supuestamente existe una especie de destino, impulso universal o razón mayor que se encarga de hilvanar el bordado de mi vida, dictaminando qué o quiénes importan, ayer, hoy y mañana.

Y no es así, porque Yo soy responsable de todo; Yo soy la razón por la que he dejado gente en el pasado, y Yo seré responsable de que esa gente no esté en mi futuro. No me vengan a embaucar con "destinos" y "razones mayores", responsables éstos de que alguien, uno o varios, hayan quedado atrás. Porque así como han quedado en el camino, así como los he dejado atrás en pos de "crecer" y "mejorar", puedo haberme equivocado al tomar tal o cual decisión, y el precio a pagar termina siendo peligroso. Tanto para mi integridad como persona, como para mi entorno. Y si estoy equivocado, Yo tengo el deber moral de resarcir mi error, y la oportunidad de hacerlo se encuentra al alcance de mi mano, no del destino. El destino es una patraña. Por culpa del mismo, de la creencia en el mismo, se arruinan historias, se olvidan puertas abiertas, se vive en la equivocación. "Si tiene que ser, será", dicen también por ahí; una de las grandes estupideces a las que nos aferramos para escapar de toda responsabilidad ante las cosas que nos pasan y dejarlas en la nada, cuando requieren a gritos una acción clara y concisa de nuestra parte. Otra gran forma de pasar de todo sin culpa, ya que "Por algo es".

"No te preocupes por la gente de tu pasado, hay una razón por la que no estarán en tu futuro." Claro que hay una razón, esa razón soy Yo, esa razón son los Demás, esa razón somos Nosotros, y en Nosotros está la clave. Seguir el dictamen de este tipo de frases orgullosas y esquivas es una de las tantas cosas que tienen al mundo como está hoy en día, hundido en la individualidad, en un aquelarre de escapismo. No dejemos las cosas en manos del "destino"; pongamos en juego lo que hace falta, humanidad, dobleguemos ese orgullo putrefacto, demos el brazo a torcer, reconozcamos nuestros errores. Pero con eso no basta. Luego de esto, hay que ponerse en acción; allí es donde verdaderamente demostraremos nuestro valor. El valor de responsabilizarnos ante los acontecimientos. El valor de poder recomponer las cosas que requieren nuestro esfuerzo. El valor de no dejar atrás porque simplemente quedó atrás. El destino lo hacemos nosotros.